¿Qué nos limita a emprender?

¿Qué nos limita a emprender?

Miedo, dinero, tiempo, inseguridad, desconocimiento son algunas de las palabras que expresan las mujeres sobre lo que las limita a emprender.

Existen dudas como: ¿por qué no me he cuestionado sobre cómo emprender?, ¿cómo hacer realidad una idea?, ¿qué herramientas debo utilizar?, ¿cómo ingresar a un mercado tan competitivo?.

Preguntas que nos dan diferentes lecturas sobre las limitantes que nos obstaculizan como mujeres, pero al mismo tiempo nos llevan a un origen común que ha permeado nuestras vidas a lo largo del tiempo porque atraviesa cada ámbito en el que nos desarrollamos, que es la desigualdad y violencia de género.

La brecha de oportunidades se visibiliza tanto en las mujeres que no se han cuestionado sobre emprender; como las que lo han hecho y no se han atrevido; así como aquellas que, orilladas por la necesidad económica, dedican tiempo extra a desarrollar sus conocimientos profesionales o habilidades personales para crear y vender, de manera independiente y esporádica, ropa, chocolates, tés, escritos, comida, masajes, entre muchas otras cosas y actividades.

No tengo tiempo ni dinero

En México, señalado por tener la mayor brecha salarial de género de América Latina y donde las cifras reflejan un incremento del 32% en el número de mujeres que tienen ingresos inferiores a la línea de pobreza, no es de extrañar que la inseguridad económica y precariedad se traduzcan en limitantes para emprender por no contar con los recursos económicos ni el tiempo para hacerlo.

En lo que refiere a mujeres que tienen uno o varios trabajos y personas que dependen de sus ingresos, generalmente en el caso de las madres solteras, que representan el 33% en un rango de edad de 15-54 años (Inegi, 2018); el obstáculo se manifiesta a través del miedo a fracasar y a no tener un sueldo asegurado, paralizando el emprendimiento por no querer arriesgarse e invertir tiempo y dinero y al final quedarse sin nada.

Desconocimiento sobre cómo emprender

La limitante para algunas mujeres que no tienen quién dependa económicamente de ellas,  es la cotidianeidad de un trabajo “estable” que no les da un espacio para cuestionarse sobre las oportunidades que tienen para emprender; a esto se suma un sistema educativo que no nos enseña a generar proyectos que puedan funcionar en el mundo laboral y económico.

En el caso de que las mujeres logren acceder a un crédito o préstamo porque están cansadas de pertenecer a un sistema laboral que no las beneficia y buscan emprender, los miedos presentes son: “no sé cómo crear una empresa”, “me faltan conocimientos y capacitación sobre estos procesos”, “si fracaso no sólo es perder un negocio sino endeudarme”.

Esta incertidumbre va ligada a una mala comunicación sobre los programas gubernamentales de apoyo al emprendimiento femenino y, como se destacó en la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo 2016, estos procesos son complejos y excluyentes.

A todas estas inseguridades se suma el desconocimiento de casos de éxito de emprendedoras, lo que desanima a las mujeres porque no son visibles las redes de apoyo que incentiven la creación de modelos de negocios desde otras perspectivas.

No creo en mí

Todo este contexto desfavorecedor está sumergido por un deber ser mujer y una falsa equidad de género, porque al final el discurso es el de poder ocupar un espacio en el mercado laboral, pero como mano de obra barata, y además, continúa la obligación de cumplir con los roles tradicionales que nos aíslan del espacio público.

Todo este tipo de discursos que desvalorizan nuestro ser están introyectados en nosotras por lo que en la mayoría de los testimonios que las mujeres compartieron a Por Nosotras,  fue común escuchar “no creo en mí misma”, limitante a emprender que se traduce como “personal”, pero que realmente es ocasionado por un sistema que nos hace menospreciar nuestras cualidades, por ejemplo de liderazgo, y creernos incapaces  de enfrentar y dirigir proyectos.

 “El miedo, el no creer en mí. Todas estas inseguridades vienen desde la infancia”, recalcó una mujer que logró superar estas barreras discursivas, decirle adiós a su trabajo “estable” para dedicarse a preparar chocolates al estilo zapoteco con la receta tradicional de su abuela.

Necesitamos más emprendedoras

En general las limitantes son aquellos miedos a fracasar, a perder dinero, a endeudarse, a no poder con la carga de trabajo ni con la competencia que existe en el mercado al que se quiere ingresar, a desconocer el sector económico y financiero, a perder la creatividad en algún momento, a no encontrar a personas que quieran sumarse a la empresa, y a que sea una forma de trabajo esclavizante y no liberadora.

Asimismo toda esta cotidianeidad tan absorbente en la vida de las mujeres no permite que tengan ni los recursos económicos, ni el tiempo, ni el espacio para emprender y enfrentar otros obstáculos que implican la conformación de una  empresa.

Sin embargo, pese a este panorama desesperanzador, rescatamos el estudio de Global Women Entrepreneur Leaders Scorecard, que habla que en México tres de cada cinco PyMEs son encabezadas por mujeres, y pese a ser pequeñas y medianas empresas aportan un 37% del Producto Interno Bruto.

Estadísticas que demuestran la importancia de las mujeres en la economía de los países ya que se ha estudiado que en su forma de dirigir y negociar siempre buscan el beneficio de todas las partes, buscando una mirada sustentable.

Esto obligan a las instituciones a crear proyectos que trabajen de forma integral y permanente con las emprendedoras, aportándoles herramientas  para que logren enfrentar los obstáculos externos e internos de este sistema político, económico, social excluyente, que nos autolimita y segrega, y así poder consolidar y fortalecer a cada mujer y su empresa ya que lo necesario es ocupar todos los espacios públicos para cambiarlos.


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